Cerámica Popular en Cusco: Mérida. Puno: Toritos de Pucará.

Edilberto Mérida el artista, al que llamamos t’uru rimachiq, “el que hace hablar al barro”. Nació en Cusco, en 1927, en el barrio de San Cristóbal, cerca de San Blas, el famoso barrio de artistas populares de la capital del incanato. Llegó al barro, la materia que lo hizo célebre, de manera casual y cuando ya era un adulto. Sus primeros trabajos fueron en madera: Mérida era un carpintero que aprendió el oficio en el Politécnico de Cusco y ejerciéndolo en Arequipa.

De regreso al Cusco, fue llamado para ser maestro del Politécnico. Allí conoció el barro. En entrevista con Perú.21, contó esta experiencia: “En este centro había un aula de cerámica. Un día entré y cogí el barro. ¡Fue un don! Me imaginé el rostro del indígena, sus manos y sus pies. Y empecé a hacer esculturas pequeñitas, de diez centímetros. Un día, el director las vio y se quedó admirado”.

Su estilo único y reconocible de tipo expresionista, catalogado como “cerámica grotesca” o “barro de protesta” brotó de manera natural. “Yo pensaba que mis obras daban un mensaje. Las expresiones de las caras mostraban lo que era el campesino. Y la belleza la daba en las manos y en los pies grandes”, señalaba. Los indígenas, sin descuidar las imágenes religiosas, pasaron a ser sus personajes principales: “Mi obra denuncia el olvido del campesino, su desconsuelo y su abandono”. Sus manos y pies inmensos representan su esfuerzo para salir del abandono y de la miseria.

Los méritos de su trabajo lo llevaron a ser nombrado Patrimonio Cultural Vivo de la Nación y Gran Maestro de la Artesanía Peruana.

El Qorilazo de Chumbivilcas por Edilberto Mérida

Recientemente se ha publicado un libro con esculturas del gran artista chumbivilcano Edilberto Mérida.

Se trata de un libro que nace de la idea de formalizar un trabajo de investigación para demostrar la trascendencia de la trayectoria artística del gran escultor Edilberto Mérida Rodríguez y cómo su obra ha contribuído a la identidad de Chumbivilcas y de todo el Perú.  La idea de esta pubicación es resaltar sus grandes obras, notas, apuntes y memorias como artista.

La presencia de Edilberto Mérida en la cerámica a partir de la década de 1960, le dio una categoría distinta al arte popular en el Cusco y le otorgó ese rango que supera al simple folclor y lo costumbrista. La fuerza y el vigor de sus obras le impregnaron un valor agregado al esfuerzo de los artistas populares que le antecedieron en esa labor.

Extraemos unas imágenes tomadas del libro: “Mérida”, escrito por su hijo: Hubert Mérida Enriquez y publicado a fines del 2013.

En esta vista tenemos su representación del Qorilazo en arcilla, que monta su caballo salvaje y nos retrata su punto de vista del gran héroe andino.

Publican Libro de Homenaje póstumo a Edilberto Mérida

T’ururimachiq. En la obra se recoge lo mejor del estilo del maestro que inventó el expresionismo indio. Es una colección de imágenes de sus esculturas, hechas de barro, que grafican el dolor en algunos casos y en otros, rabia e indignación

Pasó a la historia como uno de los mejores artistas plásticos del Cusco. A casi cuatro años y medio de su muerte (7 de junio de 2009), la Municipalidad Provincial de Cusco y la empresa minera Hudbay editaron y publicaron el libro denominado “Mérida” como homenaje póstumo al gran artista.

Mérida fue bautizado por muchos expertos peruanos y del extranjero como el escultor del «barro de protesta». En Cusco recibió el nombre de “t’ururimachiq”, es decir, el que hace hablar al barro.

Inventó una variante del expresionismo, llamada el expresionismo indio. Desarrolló un estilo que le permitió expresar la realidad con gran intensidad crítica. Sus esculturas grafican el dolor en algunos casos y en otros, rabia e indignación. Los rostros de sus Cristos y campesinos expresan de manera viva el desconsuelo, el abandono y la desesperanza. 

Sus motivos de inspiración fueron religiosos, de tipo costumbrista y sobre todo de reivindicación popular. Sus obras de protesta (llamadas también arte grotesco) provocaron un cambio en la forma de hacer arte en la Ciudad Imperial.

Por esas características varios críticos aseguran que con Mérida el barro recibió un soplo vital y entró por la puerta grande a los sagrados y selectos mercados del arte del mundo.

Fue carpintero hasta los 34 años de edad. Era el séptimo de ocho hermanos. En su infancia fue muy inquieto, con una facilidad para los trabajos manuales que no llamó la atención porque había muchos como él en el tradicional barrio de San Blas de Cusco, donde creció. A los ocho años de edad entró al taller de su primo. En ese lugar empezó a moldear su futuro.

PRESENTARON EL TEXTO

El libro “Mérida” fue presentado el último viernes en una concurrida ceremonia en el Salón Qenqo del Centro de Convenciones Cusco. Hubert Mérida Enríquez, hijo de Edilberto Mérida, recibió un ejemplar de manos de representantes del alcalde Luis Flórez y el director de Asuntos Corporativos y Responsabilidad Social de la minera Hudbay, Nino Copero. 

El heredero agradeció a los promotores de la publicación del volumen e indicó que en las manos de su padre se fusionó el expresionismo y el indigenismo. 

Roger Valencia, cónsul honorario de Bélgica en Perú, fue uno de los encargados de comentar el libro. Destacó la sencillez de ese gran hombre que fue Edilberto Mérida, “uno de los pocos famosos artistas que hacía hablar a la arcilla”.

Para Valencia, el mayor legado de Mérida ha sido el uso del trabajo artístico para denunciar los abusos, el olvido y otros problemas que aquejaban a los campesinos de los tiempos en los que vivió el artista. 

A su vez, el representante de Hudbay, Nino Copero, refirió que continuarán con su política de apoyar iniciativas culturales porque son “una empresa sensible a este tipo de temas”.

Por su parte, Arturo Castro, asesor del alcalde Luis Flórez, señaló que Mérida es un gran ejemplo para los jóvenes artistas. En el evento de presentación del libro también estuvieron presentes el exministro de Cultura, Juan Ossio, y el reconocido intelectual cusqueño Jorge Flores Ochoa.  

Clave

Edilberto Mérida nació en el barrio de San Cristóbal en 1927 en el Cusco, pero vivió la mayor parte de su vida en su casa-taller ubicada en la calle Carmen Alto, en el tradicional barrio de artesanos de San Blas. A pesar de la edad era común hallarlo en su predio, siempre dispuesto a mostrar los “barros de protesta” a quienes lo visitaban.

TORITOS DE PUCARÁ

Refiriéndose a la leyenda del “Torito de Pucará” se dice: “Que en Pukara, se registraba hace mucho tiempo una sequia prolongada, ya no había agua, se estaban secando los pozos. Entonces cierto día a un campesino indígena se le ocurrió hacer una ofrenda de sacrificio al Dios Pachakamaq, decidió subir al peñón de Pukara, llevando consigo un toro y de esa manera hacer sus peticiones de lluvia. El toro que llevaba parecía adivinar que algo le pasaría y se resistía subir con su amo. Ya estando arriba, el toro quiso sobarse en el peñón,  logró hincar con su cuerno la roca. Y asombrosamente brotó  agua,  tanta agua que el pueblo pudo sobrevivir. La población asombrada por tal milagro admiró mucho más al toro. A partir de ese entonces el toro constituyó un elemento ritual,  utilizado en la marcación del ganado. Esto provocó la inspiración de artesanos alfareros, que en un inicio fue símbolo de ceremonias, y  ahora le atribuyeron poder de protección, cuando es colocada en los techos de las viviendas” Claro está en la Cultura Andina se teje una serie de mitos que conllevan a entender el misterio y origen de historias fantásticas que enriquecen la creencia popular, especialmente la asociación de un animal traído de España y fusionada con la Illa y/o qonopa  andina. Antes relacionada con la llama un tótem muy venerado por los ganaderos del altiplano, como la sustitución de la llama de carga por el caballo y el toro como protector utilizado en los rituales de “señalización” del ganado.

En la primera década del siglo anterior, después de haberse inaugurado el transporte en ferrocarril del sur Juliaca a Cusco pasando por la estación de Pucará, un villorrio en ese entonces hoy distrito José Domingo Choquehuanca nace la autentica denominación y su fama del Torito hacia el mundo. Se dice que un día los alfareros exponían sus productos artesanales frente a los visitantes viajeros en la Estación de Pucará, donde llamó la atención grandemente a los primeros turistas y estos con voz asombrosa dijeron: “que hermoso torito” “hermosa obra de arte”.

Los toros de Pucará son de Pupuja, en la provincia de Azángaro del departamento peruano de Puno. Su creación da origen en la comunidad de Checa Pupuja. El porqué de su nombre de Torito de Pucará es por el echo de que la estación ferroviaria de Pucará, al ser el lugar de ventas mas prestigiado y el  sitio más cercano a la comunidad Checaen aquellos tiempos.

Saturnino Octavio Diaz fue la persona encargada de administrar el ferrocarril, un día tuvo curiosidad al ver a los toros pasteando frente al ferrocarril y le dieron ganas de conocer a sus propietarios, fue ahí donde conoció a Angela Dianderas, su futura esposa y gracias a la buena gestión que tuvo en el ferrocarril decidió empezar a comercializar toros en piezas de cerámica en la estación de tren que elaboraban los habitantes de Pupuja.

El acabado singular de los toritos son figuras imperfectas, de aspecto tosco, con aplicaciones de flores, elipses, capellones  en el lomo, en el cuello como chalinas con aplicaciones geométricas zig zag y/o escalera, con orlas que le cuelgan del testuz. En fin la forma que adquiere en el uso común es como cuenco con un orificio a la altura del hueso sacro, todo ello con contenido de mayor valor estético y espiritual, conocidos también como qonopas (Quechua) y/o Illas (aymara) de uso ceremonial.

Los verdaderos Toritos de Pucará

Los auténticos toritos inicialmente tienen dos colores (blanco y nogal). El cuerpo es de color natural, naranja  tenue, casi blanco que es barro cocido sin haber sido posteriormente pintado. En el proceso tecnológico de la producción de la cerámica en Pucará se usa diversas clases de arcilla que son agregados de minerales y sustancias coloidales como: El Caolin, dolomita; arcilla gris, amarilla, verde y rojisa; como también arcilla apizarrada y chocolate, cada cual en su cocción soportan temperaturas  de 800°C a 2000°C., como complemento en el molido, maceración y tamizado de la arcilla se usa la tierra refractaria que les provee la Santa Tierra de Pucará.

Actualmente la cocción se realiza en forma artesanal y industrialmente, con el uso de hornos: cilíndrico, horno tipo botella, horno colmenar, horno caldero, horno eléctrico y últimamente se ha implantado el horno a gas propano con termostato.

La cabeza, los cuernos y los iconos son de color pardo en unos casos y en otros de color café obtenidos con tintes  naturales, industriales aplicación según sea el caso en la precocción y post cocción como por ejemplo: Nogalina en polvo (color nogal o marrón), barniz vitrificado (conserva color natural), esmalte minio (brillo), oxido de cobalto, antimonio mezclado con agua (color amarillo), oxido de cobre más plomo, minio y sílice (color verde vidrioso) y manganeso más oxido de hierro (color negro).

En cambio en los acabados de los toritos modernos se aplica más de dos colores chillones y brillantes llamativos para dar un atractivo artístico y comercial.

SIGNIFICADO DEL COLOR DE CADA TORITO DE PUCARÁ

ROJO: Protección y amor en el hogar.

VERDE: Prosperidad económica, fertilidad y buena salud.

AZUL: Confianza, fidelidad y amistad.

NEGRO: Protección contra la envidia.

NARANJA: Alegría y diversión.

BLANCO: Paz en el hogar.

NATURAL: Protección para la familia.

Retablos Ayacuchanos

Los Retablos Ayacuchanos tienen su origen en la época de la colonia cuando trajeron las primeras capillas del santero, estas se caracterizaban por llevar en el centro la imagen de un santo, los sacerdotes españoles las usaban en las diferentes actividades del proceso de evangelización a los indígenas. Viajaban por todos los pueblos de la sierra peruana, llevando con ellos cajas articuladas con imágenes de varios santos católicos para que estos sean reconocidos por los pobladores.

Las capillas sirvieron de inspiración para elaborar los primero cajones San Marcos. Se les llamaba así porque presentaban a este u otros santos (San Antonio, San Lucas, entre otros) en la posición central. Estos eran utilizados en los rituales de marcación de ganado como altares portátiles que se trasladaban a las comunidades campesinas.

Son estas cajas, las que en la década de 1940, sirvieron de inspiración a los artesanos para diseñar escenas con temáticas distintas relacionadas con motivos costumbristas destacando las fiestas y danzas tradicionales, motivos religiosos, vistas rurales, labores agrícolas, peleas de gallos y las corridas de toros.  Los artesanos del pueblo de Ayacucho adaptan los nuevos cajones y los hacen propios, cambiándoles el nombre a retablos.

Para poder narrar la historia de forma adecuada, los retablistas ayacuchanos trabajan sus obras con gran minuciosidad, paciencia y pasión, preservando sus técnicas artesanales a través del tiempo.

La palabra retablo en español significa altar, es por su significado que son parte de la decoración y funcionan como altares de santos y patronos en la iglesia católica.

Retablo Ayacuchano: el arte andino que expresa paz

ESTRUCTURA:

Los Retablos Ayacuchanos tienen la forma de una caja rectangular y son fabricadas en base a cedro. En el interior se colocan figuras de un tamaño específico (dependiendo del tamaño del retablo), hechas en base a una pasta de papa hervida y molida mezclada con yeso. Asimismo, dependiendo de la temática del retablo se colocan estructuras de personas, las cuales son trabajadas con una mezcla de harina, yeso, polvo colado y agua hervida. La parte posterior de los retablos se recubre con una estructura de madera y las puertas se adhieren a la caja con tiras de cuero.

Las cajas rectangulares de madera tienen tamaños variados. En el interior, dependiendo de la complejidad de la historia que cuentan, se dividen en niveles, a modo de escenas. Todos los personajes representados son figuras hechas a base de una mezcla de papas cocidas y yeso.

Actualmente los Retablos Ayacuchanos son cajas rectangulares hechas en su mayoría de cedro porque generan un mejor acabado en cada pieza. Las cajas son diseñadas con una vista colorida de doble puerta con unas tiras de cuero entre ellas. El exterior de las cajas está decorado con flores llenas de color y en el interior imágenes con temáticas costumbristas del Perú.

REPRESENTANTE:

En esta ocasión hablaremos acerca de un hombre que marcó el arte de los años 70’s en nuestra capital. No solo por su creatividad, sino también por su logro de expandir y dar a conocer el arte popular andino. Con su originalidad y talento Joaquín López Antay, Ayacuchano de nacimiento,  fue un destacado artesano peruano que utilizó y remodeló el cajón de Sanmarkos para convertirlo en los hoy conocidos: Retablos Ayacuchanos. Su conexión con José Sabogal, Alicia Bustamante y José María Arguedas contribuyeron significativamente en sus obras de arte popular.

 Para explicar un poco sobre la estructura de los Retablos Sanmarquinos (cajones con escenas costumbristas que se realizaban en la primera mitad del siglo XX), tendríamos que verlo desde la visión de la población andina. Para ello el documento “Cajón de San Marcos” de la artista Alicia Seade-Delboy, nos explica detalladamente la función que desempeñaban estos cajones. Aquí se da a entender las dos divisiones paralelas que tienen estos cajones con sus respectivas figuras:

  • El piso superior es alusivo a las divinidades protectoras de los distintos animales, representadas por San Marcos, San Juan Bautista y San Lucas.
  • El cóndor, que es la representación del Dios Wamani, el espíritu de la montaña y está situado en el centro del las dos divisiones.
  • El piso inferior está representado diversas historias. A simple vista sería un conjunto de personas y animales pero en realidad cada pieza representa una escena distinta que consiste en la protección de los santos sobre el rebaño de un pastor.

La llegada de los retablos Sanmarquinos a la capital se hizo casi en su última época:

“Cuando los peruanos capitalinos descubrieron el cajón de San Marcos, en los años treinta, ya estaba en proceso de extinción. No estaban hechos para durar una eternidad, y hoy son casi imposibles de encontrar fuera de algunos museos especializados y pocas colecciones privadas.” – Nos dice una parte del texto de Alicia Seade-Delboy y si pues, hasta hoy en día es poco probable encontrar estos cajones de Sanmarkos.

Pero esta “desaparición” hizo que Don Joaquín gracias al talento heredado de su abuela, quien le enseñó todo acerca de las confecciones de retablos, le diera una nueva imagen a estos objetos. Y es así como le devolvió la vida a los retablos Sanmarkos con los Retablos Ayacuchanos contemporáneos. Estos nuevos retablos representan nuevas costumbres y rituales, ahora ya no hay una visión mágico-religiosa como los de Sanmarkos si no que representará hechos del ámbito social.

Don Joaquín comenzó desde pequeño  a fabricar sanmarkos para los campesinos, arrieros, ganaderos, curanderos, etc., de Huamanga sin recibir dinero a cambio (solo compensaciones por el trabajo realizado). Luego de la década del cuarenta, donde Alicia Bustamante lo anima a introducir otras imágenes y otros contextos sociales a los retablos, surge una alteración del canon donde nacieron los nuevos Retablos ayacuchanos. Tuvo que esperar 30 años después, hasta los años 70’s que Don Joaquín obtuvo el Premio Nacional de Cultura.

A pesar de saber las consecuencias que le traería esta premiación a Don Joaquín, sabía también que él ya era un artista popular andino, un integrador social y cultural. Cabe resaltar también que antes de esto no había una relación occidental de producción y consumo con los artistas andinos. Es más,  hasta después de esta premiación es donde todos comenzaron a tomar importancia a la formas de vida de las personas andinas, pero hasta ese momento nadie toma interés sobre la vida que de los artistas populares.

CAJON DE SAN MARCOS

los Cajones de San Marcos

El Cajón de San Marcos es un muy buen exponente del sincretismo entre la cultura andina y la cultura española. Este cajón, con el correr del tiempo, dio origen al retablo peruano contemporáneo.
Primero fueron las cajas de santos.Hasta mediados del siglo XIX los pastores de la región de Ayacucho cargaban unas cajas  con pequeñas piezas talladas en piedra que representaban ciertos santos. Muchos de los pastores trabajaban encima de los 3000 metros de altura y las “cajas de santo” cumplían una función mágico-religiosa,  para proteger los rebaños.El reconocido artesano Joaquín López Antay empleó una técnica desarrollada en el seno de su familia. Con las pequeñas esculturas de piedra de Huamanga de las cajas de santos fabricaba moldes para replicarlas en otro material. De esa forma se podía ahorrar tiempo y dinero en la elaboración de las cajas. Las nuevas piezas se confeccionaban con una mezcla de yeso y papa que, una vez seca, endurecía como la piedra y se coloreaba con pintura de tela.
A mediados del siglo XIX los arrieros andinos comenzaron a encargar cajas más elaboradas: así surgieron los Cajones de San Marcos que transportaban de pueblo en pueblo. Esos cajones se convirtieron en el centro del rito anual más importante de la producción ganadera: la marca del ganado o yerra. En el taller de López Antay se elaboraban muchos de ellos

El simbolismo de los Cajones

                                                     
Cada cajón simboliza un “Apu” o dios tutelar andino, la poderosa montaña que protege a los hombres. Lleva en su interior la representación de la ceremonia del marcado del ganado, dividida en dos pisos que simbolizan dos mundos.Alicia Seade, especialista en este tema, describe los símbolos presentes en los Cajones.

En el piso superior, como en las antiguas cajas, se presentan las divinidades protectoras de los animales. En el centro se encuentra  San Marcos -el más importante de todos y que protege al ganado vacuno- rodeado de Santa Inés –o Santa Clara, protectora de las cabras- y San Juan, protector de las ovejas y su pastor. También pueden parecer San Lucas, que protege al ganado de sus depredadores naturales y San Antonio de Padua –con un niño en brazos-, protector de los asnos y burros.

En el piso inferior se representa una historia terrenal que se desarrolla en dos tiempos. A la izquierda se encuentra «la Pasión», representada por verdugo y un hombre herido colgado cabeza abajo, su sangre baña a la tierra (alimenta a la Pacha Mama). Cerca del hombre se encuentran dos mujeres que lloran, piden por la vida del hombre, un ladrón de ganado. En el centro se encuentra un hombre con un brazo levantado, en ocasiones con un libro abierto (que a la vez representa el libro sagrado y el libro de contabilidad)  en la otra mano, es el patrón que termina por perdonar al hombre. A quien lavan y le entregan una botella de aguardiente. A la derecha se encuentra «la Reunión», se representa la fiesta: hay animales, vendedoras de queso y músicos, entre otros.

El Cajón -donde conviven los santos con elementos propios de la religiosidad andina- fue utilizado en los ritos de herraje de ganado y protección de los hogares y se dejó de fabricarse en las primeras década del siglo pasado. Alicia Seade Delboy, de quien tomamos mucho de lo que aquí se plantea, se ha dedicado a investigar la historia de los cajones y a restaurarlos

Textiles de ayacucho y cusco

Textileria Ayacuchana

Ya en el siglo XVII, Ayacucho poseía una importante industria textil, era sede del arzobispado y contaba con universidad, lo que la convirtió en una de las ciudades más importantes del virreinato. Actualmente Ayacucho, tierra de paz y esperanza, sique sorprendiendo al viajero por su sabor colonial. Ayacucho es llamada la Capital Peruana de la Artesanía.
La textilería actual es heredera de una larga tradición prehispánica desarrollada a los largo de todo el país, entre los que destacan los mantos Paracas y los tejidos Inca y Wari ayacuchano. Los textiles más antiguos, encontrados en Huaca Prieta – Chicama, datan de hace unos 4,000 años. Los materiales –que se siguen utilizando en la actualidad- son preferentemente el algodón marrón y el blanco, las fibras de vicuña, alpaca y llama. Otros materiales utilizados eventualmente pueden ser los cabellos humanos y los pelos de murciélago, y, más frecuentemente, los hilos de oro y plata. Además, todavía se mantiene el uso de algunos tintes naturales que se combinan con la anilina y otros tintes industriales, y el telar vertical y el telar a pedales continúan siendo las herramientas con que se tejen la mayoría de mantas y telas.

Los departamentos donde el tejido tiene mayor vigencia son Ayacucho, Puno, Cusco, Junín, Apurímac y Lima. En cuanto a la decoración cusqueña es frecuente encontrar elementos como la tika, que representa a la flor de papa, y el sojta, un diseño geométrico que simboliza el ciclo del sembrío. Existe aquí, una rica variedad de chullos (gorros con orejeras) de mostacillas, bolsas coqueras de lana, mantas con motivos geométricos, fajas y chumpis tejidos por metros, como los que se venden en el mercado de Sicuani, o el mercado dominical de Pisac. Otro centro de producción textil es Ayacucho, región en la que en décadas recientes se ha popularizado la elaboración de tapices de trama y de urdimbre con motivos abstractos.

La artesanía ayacuchana, una de las más ricas del Perú, es admirada en el ámbito mundial. Son famosos:

– sus retablos con escenas de vida popular (fabricados en alabastro con figurones de yeso),
– las cruces de madera con los símbolos de la Pasión de Cristo, 
– los finos tejidos de lana de alpaca y vicuña, 
– las esculturas de piedra de Huamanga 
– y los trabajos de orfebrería en filigrana de plata.

Tradicionalmente Ayacucho es considerado la capital de la artesanía peruana. Es esta parte del Perú se encuentra tejedores, ceramistas, orfebres, grabadores, tallistas de calabazas y pintores famosas. La migración de muchos artesanos a Lima, la depauperación creciente y el terror en Ayacucho en los 15 años pasadas tuvieron un efecto que la producción artesanal mucho disminuyó. La organización Inti Raymi está trabajando en ese barrio y se concentra a promover la artesanía, por una mejor calidad y por formaciones de artesanos jóvenes.
En el barrio Santa Ana – más o menos 2 kilómetros del centro – se retuercen las callejuelas. Los muros de las casas en ese barrio son hechos de arte en piedra. Sobre todo hay la producción de mantas, alfombras, ponchos y suéters en lana de alpaca, llama o oveja.
Hay casas de taller que son agrupados con especialistas de artesanía diferentes. Al lado de un encuentro y una conversación se puede encontrar pedazos de artesanía excelentes.Los textiles son tejidos a mano, se realizan en telares de pedal principalmente de alpaca y lana de oveja, aunque también se pueden hacer con las fibras de algodón.

Los textiles son tejidos a mano, se realizan en telares de pedal principalmente de alpaca y lana de oveja, aunque también se pueden hacer con las fibras de algodón. El producto final es bordado a mano con motivos decorativos inspirados en la naturaleza, que representa las plantas flora locales, tales como el nogal (marrones), molle (verdes), chilca (amarillos), y la cochinilla (rojos). Además de los tonos apagados elegantes de tintes naturales.

Wari Urpi  es la asociación que los agrupa y que también ha introducido tintes comerciales, debido a su amplia disponibilidad y paleta de colores diversos. Wari Urpi está dedicado a la preservación de su cultura nativa, la cual difiere de la de otras culturas pre-colombinas en el Perú. Aprovechando las notables habilidades de sus artesanos, Wari Urpi ha desarrollado una gama de productos hechos a mano, tales como fundas de almohada, caminos de mesa, tapices, bolsos, cinturones, cortinas y otro producto. Como resultado de su actividad, Macedomnio y Luzmila están ayudando a mejorar la calidad de vida de los artesanos en una región que presenta carencias y necesidades en un porcentaje considerable de su población, mientras que al mismo tiempo trabajar para mantener las antiguas tradiciones y conservar el medio ambiente

Textileria cusqueña

La Textilería más original y de mejor calidad está refugiada en el mundo rural, en provincias como la de Calca y Urubamba, o en otras más apartadas de la capital departamental. Utilizando como materia prima la lana de alpaca u oveja teñida siempre con tintes vegetales, las diestras tejedoras cusqueñas crean sofisticados diseños en base pallaes, ornamentos con gran variedad de motivos zoomorfos y antropomorfos. Los campesinos tejen coloridos trajes (ponchos, chompas, chullos, mantas, carteras, chalinas, billeteras, etc.) con técnica inca conocida como el away (tejido al estilo inca sobre cuatro palos).

CULTURA

Es el conjunto de todas las formas, los modelos o los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad regula el comportamiento de las personas que la conforman. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista se puede decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano. El concepto de cultura es fundamental para las disciplinas que se encargan del estudio de la sociedad, en especial para la antropología y la sociología.

cultura peruana


El término cultura proviene del latín cultus que a su vez deriva de la voz colere que significa cuidado del campo o del ganado. Hacia el siglo XIII, el término se empleaba para designar una parcela cultivada, y tres siglos más tarde había cambiado su sentido como estado de una cosa, al de la acción: el cultivo de la tierra o el cuidado del ganado, aproximadamente en el sentido en que se emplea en el español de nuestros días en vocablos como agricultura, apicultura, piscicultura y otros. Por la mitad del siglo XVI, el término adquiere una connotación metafórica, como el cultivo de cualquier facultad. De cualquier manera, la acepción figurativa de cultura no se extenderá hasta el siglo XVII, cuando también aparece en ciertos textos académicos.

Clasificación:


La cultura se clasifica, respecto a sus definiciones, de la siguiente manera:
Tópica: La cultura consiste en una lista de tópicos o categorías, tales como organización social, religión o economía.
Histórica: La cultura es la herencia social, es la manera que los seres humanos solucionan problemas de adaptación al ambiente o a la vida en común.
Mental: La cultura es un complejo de ideas, o los hábitos aprendidos, que inhiben impulsos y distinguen a las personas de los demás.
Estructural: La cultura consiste en ideas, símbolos o comportamientos, modelados o pautados e inter-relacionados.
Simbólica: La cultura se basa en los significados arbitrariamente asignados que son compartidos por una sociedad.
La cultura puede también ser clasificada del siguiente modo:

Según su extensión

Universal: cuando es tomada desde el punto de vista de una abstracción a partir de los rasgos que son comunes en las sociedades del mundo. Por ej., el saludo.
Total: conformada por la suma de todos los rasgos particulares a una misma sociedad.
Particular: igual a la subcultura; conjunto de pautas compartidas por un grupo que se integra a la cultura general y que a su vez se diferencia de ellas. Ej.: las diferentes culturas en un mismo país.

Según su desarrollo

Primitiva: aquella cultura que mantiene rasgos precarios de desarrollo técnico y que por ser conservadora no tiende a la innovación.
Civilizada: cultura que se actualiza produciendo nuevos elementos que le permitan el desarrollo a la sociedad.
Analfabeta o pre-alfabeta: se maneja con lenguaje oral y no ha incorporado la escritura ni siquiera parcialmente.
Alfabeta: cultura que ya ha incorporado el lenguaje tanto escrito como oral.

Según su carácter dominante

Sensista: cultura que se manifiesta exclusivamente por los sentidos y es conocida a partir de los mismos.
Racional: cultura donde impera la razón y es conocido a través de sus productos tangibles.
Ideal: se construye por la combinación de la sensista y la racional

Según su dirección

Posfigurativa: aquella cultura que mira al pasado para repetirlo en el presente. Cultura tomada de nuestros mayores sin variaciones. Es generacional y se da particularmente en pueblos primitivos.
Configurativa: la cultura cuyo modelo no es el pasado, sino la conducta de los contemporáneos. Los individuos imitan modos de comportamiento de sus pares y recrean los propios.
Prefigurativa: aquella cultura innovadora que se proyecta con pautas y comportamientos nuevos y que son válidos para una nueva generación y que no toman como guía el modelo de los padres a seguir pero si como referentes.