Edilberto Mérida el artista, al que llamamos t’uru rimachiq, “el que hace hablar al barro”. Nació en Cusco, en 1927, en el barrio de San Cristóbal, cerca de San Blas, el famoso barrio de artistas populares de la capital del incanato. Llegó al barro, la materia que lo hizo célebre, de manera casual y cuando ya era un adulto. Sus primeros trabajos fueron en madera: Mérida era un carpintero que aprendió el oficio en el Politécnico de Cusco y ejerciéndolo en Arequipa.
De regreso al Cusco, fue llamado para ser maestro del Politécnico. Allí conoció el barro. En entrevista con Perú.21, contó esta experiencia: “En este centro había un aula de cerámica. Un día entré y cogí el barro. ¡Fue un don! Me imaginé el rostro del indígena, sus manos y sus pies. Y empecé a hacer esculturas pequeñitas, de diez centímetros. Un día, el director las vio y se quedó admirado”.
Su estilo único y reconocible de tipo expresionista, catalogado como “cerámica grotesca” o “barro de protesta” brotó de manera natural. “Yo pensaba que mis obras daban un mensaje. Las expresiones de las caras mostraban lo que era el campesino. Y la belleza la daba en las manos y en los pies grandes”, señalaba. Los indígenas, sin descuidar las imágenes religiosas, pasaron a ser sus personajes principales: “Mi obra denuncia el olvido del campesino, su desconsuelo y su abandono”. Sus manos y pies inmensos representan su esfuerzo para salir del abandono y de la miseria.
Los méritos de su trabajo lo llevaron a ser nombrado Patrimonio Cultural Vivo de la Nación y Gran Maestro de la Artesanía Peruana.
El Qorilazo de Chumbivilcas por Edilberto Mérida
Recientemente se ha publicado un libro con esculturas del gran artista chumbivilcano Edilberto Mérida.
Se trata de un libro que nace de la idea de formalizar un trabajo de investigación para demostrar la trascendencia de la trayectoria artística del gran escultor Edilberto Mérida Rodríguez y cómo su obra ha contribuído a la identidad de Chumbivilcas y de todo el Perú. La idea de esta pubicación es resaltar sus grandes obras, notas, apuntes y memorias como artista.
La presencia de Edilberto Mérida en la cerámica a partir de la década de 1960, le dio una categoría distinta al arte popular en el Cusco y le otorgó ese rango que supera al simple folclor y lo costumbrista. La fuerza y el vigor de sus obras le impregnaron un valor agregado al esfuerzo de los artistas populares que le antecedieron en esa labor.
Extraemos unas imágenes tomadas del libro: “Mérida”, escrito por su hijo: Hubert Mérida Enriquez y publicado a fines del 2013.

Qorilazo de Chumbivilcas en su caballo. Por: Edilberto Mérida 
Qorilazo de Chumbivilcas
En esta vista tenemos su representación del Qorilazo en arcilla, que monta su caballo salvaje y nos retrata su punto de vista del gran héroe andino.
Publican Libro de Homenaje póstumo a Edilberto Mérida
T’ururimachiq. En la obra se recoge lo mejor del estilo del maestro que inventó el expresionismo indio. Es una colección de imágenes de sus esculturas, hechas de barro, que grafican el dolor en algunos casos y en otros, rabia e indignación

Hubert Mérida
(hijo
Pasó a la historia como uno de los mejores artistas plásticos del Cusco. A casi cuatro años y medio de su muerte (7 de junio de 2009), la Municipalidad Provincial de Cusco y la empresa minera Hudbay editaron y publicaron el libro denominado “Mérida” como homenaje póstumo al gran artista.
Mérida fue bautizado por muchos expertos peruanos y del extranjero como el escultor del «barro de protesta». En Cusco recibió el nombre de “t’ururimachiq”, es decir, el que hace hablar al barro.
Inventó una variante del expresionismo, llamada el expresionismo indio. Desarrolló un estilo que le permitió expresar la realidad con gran intensidad crítica. Sus esculturas grafican el dolor en algunos casos y en otros, rabia e indignación. Los rostros de sus Cristos y campesinos expresan de manera viva el desconsuelo, el abandono y la desesperanza.
Sus motivos de inspiración fueron religiosos, de tipo costumbrista y sobre todo de reivindicación popular. Sus obras de protesta (llamadas también arte grotesco) provocaron un cambio en la forma de hacer arte en la Ciudad Imperial.
Por esas características varios críticos aseguran que con Mérida el barro recibió un soplo vital y entró por la puerta grande a los sagrados y selectos mercados del arte del mundo.
Fue carpintero hasta los 34 años de edad. Era el séptimo de ocho hermanos. En su infancia fue muy inquieto, con una facilidad para los trabajos manuales que no llamó la atención porque había muchos como él en el tradicional barrio de San Blas de Cusco, donde creció. A los ocho años de edad entró al taller de su primo. En ese lugar empezó a moldear su futuro.
PRESENTARON EL TEXTO
El libro “Mérida” fue presentado el último viernes en una concurrida ceremonia en el Salón Qenqo del Centro de Convenciones Cusco. Hubert Mérida Enríquez, hijo de Edilberto Mérida, recibió un ejemplar de manos de representantes del alcalde Luis Flórez y el director de Asuntos Corporativos y Responsabilidad Social de la minera Hudbay, Nino Copero.
El heredero agradeció a los promotores de la publicación del volumen e indicó que en las manos de su padre se fusionó el expresionismo y el indigenismo.
Roger Valencia, cónsul honorario de Bélgica en Perú, fue uno de los encargados de comentar el libro. Destacó la sencillez de ese gran hombre que fue Edilberto Mérida, “uno de los pocos famosos artistas que hacía hablar a la arcilla”.
Para Valencia, el mayor legado de Mérida ha sido el uso del trabajo artístico para denunciar los abusos, el olvido y otros problemas que aquejaban a los campesinos de los tiempos en los que vivió el artista.
A su vez, el representante de Hudbay, Nino Copero, refirió que continuarán con su política de apoyar iniciativas culturales porque son “una empresa sensible a este tipo de temas”.
Por su parte, Arturo Castro, asesor del alcalde Luis Flórez, señaló que Mérida es un gran ejemplo para los jóvenes artistas. En el evento de presentación del libro también estuvieron presentes el exministro de Cultura, Juan Ossio, y el reconocido intelectual cusqueño Jorge Flores Ochoa.
Clave
Edilberto Mérida nació en el barrio de San Cristóbal en 1927 en el Cusco, pero vivió la mayor parte de su vida en su casa-taller ubicada en la calle Carmen Alto, en el tradicional barrio de artesanos de San Blas. A pesar de la edad era común hallarlo en su predio, siempre dispuesto a mostrar los “barros de protesta” a quienes lo visitaban.

La campesina guitarrista 
El encantador barrio de San Blas, es uno de los lugares más bonitos del Cusco., en sus callejuelas se pueden encontrar a los mejores artesanos de la ciudad.
TORITOS DE PUCARÁ
Refiriéndose a la leyenda del “Torito de Pucará” se dice: “Que en Pukara, se registraba hace mucho tiempo una sequia prolongada, ya no había agua, se estaban secando los pozos. Entonces cierto día a un campesino indígena se le ocurrió hacer una ofrenda de sacrificio al Dios Pachakamaq, decidió subir al peñón de Pukara, llevando consigo un toro y de esa manera hacer sus peticiones de lluvia. El toro que llevaba parecía adivinar que algo le pasaría y se resistía subir con su amo. Ya estando arriba, el toro quiso sobarse en el peñón, logró hincar con su cuerno la roca. Y asombrosamente brotó agua, tanta agua que el pueblo pudo sobrevivir. La población asombrada por tal milagro admiró mucho más al toro. A partir de ese entonces el toro constituyó un elemento ritual, utilizado en la marcación del ganado. Esto provocó la inspiración de artesanos alfareros, que en un inicio fue símbolo de ceremonias, y ahora le atribuyeron poder de protección, cuando es colocada en los techos de las viviendas” Claro está en la Cultura Andina se teje una serie de mitos que conllevan a entender el misterio y origen de historias fantásticas que enriquecen la creencia popular, especialmente la asociación de un animal traído de España y fusionada con la Illa y/o qonopa andina. Antes relacionada con la llama un tótem muy venerado por los ganaderos del altiplano, como la sustitución de la llama de carga por el caballo y el toro como protector utilizado en los rituales de “señalización” del ganado.
En la primera década del siglo anterior, después de haberse inaugurado el transporte en ferrocarril del sur Juliaca a Cusco pasando por la estación de Pucará, un villorrio en ese entonces hoy distrito José Domingo Choquehuanca nace la autentica denominación y su fama del Torito hacia el mundo. Se dice que un día los alfareros exponían sus productos artesanales frente a los visitantes viajeros en la Estación de Pucará, donde llamó la atención grandemente a los primeros turistas y estos con voz asombrosa dijeron: “que hermoso torito” “hermosa obra de arte”.
Los toros de Pucará son de Pupuja, en la provincia de Azángaro del departamento peruano de Puno. Su creación da origen en la comunidad de Checa Pupuja. El porqué de su nombre de Torito de Pucará es por el echo de que la estación ferroviaria de Pucará, al ser el lugar de ventas mas prestigiado y el sitio más cercano a la comunidad Checaen aquellos tiempos.
Saturnino Octavio Diaz fue la persona encargada de administrar el ferrocarril, un día tuvo curiosidad al ver a los toros pasteando frente al ferrocarril y le dieron ganas de conocer a sus propietarios, fue ahí donde conoció a Angela Dianderas, su futura esposa y gracias a la buena gestión que tuvo en el ferrocarril decidió empezar a comercializar toros en piezas de cerámica en la estación de tren que elaboraban los habitantes de Pupuja.
El acabado singular de los toritos son figuras imperfectas, de aspecto tosco, con aplicaciones de flores, elipses, capellones en el lomo, en el cuello como chalinas con aplicaciones geométricas zig zag y/o escalera, con orlas que le cuelgan del testuz. En fin la forma que adquiere en el uso común es como cuenco con un orificio a la altura del hueso sacro, todo ello con contenido de mayor valor estético y espiritual, conocidos también como qonopas (Quechua) y/o Illas (aymara) de uso ceremonial.
Los verdaderos Toritos de Pucará
Los auténticos toritos inicialmente tienen dos colores (blanco y nogal). El cuerpo es de color natural, naranja tenue, casi blanco que es barro cocido sin haber sido posteriormente pintado. En el proceso tecnológico de la producción de la cerámica en Pucará se usa diversas clases de arcilla que son agregados de minerales y sustancias coloidales como: El Caolin, dolomita; arcilla gris, amarilla, verde y rojisa; como también arcilla apizarrada y chocolate, cada cual en su cocción soportan temperaturas de 800°C a 2000°C., como complemento en el molido, maceración y tamizado de la arcilla se usa la tierra refractaria que les provee la Santa Tierra de Pucará.




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Actualmente la cocción se realiza en forma artesanal y industrialmente, con el uso de hornos: cilíndrico, horno tipo botella, horno colmenar, horno caldero, horno eléctrico y últimamente se ha implantado el horno a gas propano con termostato.
La cabeza, los cuernos y los iconos son de color pardo en unos casos y en otros de color café obtenidos con tintes naturales, industriales aplicación según sea el caso en la precocción y post cocción como por ejemplo: Nogalina en polvo (color nogal o marrón), barniz vitrificado (conserva color natural), esmalte minio (brillo), oxido de cobalto, antimonio mezclado con agua (color amarillo), oxido de cobre más plomo, minio y sílice (color verde vidrioso) y manganeso más oxido de hierro (color negro).
En cambio en los acabados de los toritos modernos se aplica más de dos colores chillones y brillantes llamativos para dar un atractivo artístico y comercial.
SIGNIFICADO DEL COLOR DE CADA TORITO DE PUCARÁ
ROJO: Protección y amor en el hogar.
VERDE: Prosperidad económica, fertilidad y buena salud.
AZUL: Confianza, fidelidad y amistad.
NEGRO: Protección contra la envidia.
NARANJA: Alegría y diversión.
BLANCO: Paz en el hogar.
NATURAL: Protección para la familia.

El verdadero Torito de Pucará



